DIALOGOS CON EL SILENCIO

I
Imaginaba un alud de sonrisas al contemplar esta mañana la inescrutable realidad, realidad de mis fantasías y mis esperanzas. Entonces, te hallé hablándome en el rumor del aire frío acariciando mis cabellos. Hablaste y quizá no quise escucharte, pues había apresurado el paso, mas cómo evitarte, si siempre andas en mí, si sencillamente vives en mí.

Digo la verdad cuando digo que no deseo estar triste, tú no me haces preguntas, pero siento que te angustias en mi interior porque deseas darme las respuestas que espero. Es verdad, quien se angustia soy yo, tú solo me das paz. Te he evitado por tanto tiempo, que deseo firmemente el que salgas tú ahora por mis ojos y decidas por mí, cansada estoy de llorar por sentir que no he procedido correctamente.

Hoy quiero verte aflorar en mi corazón y sentir las vibraciones que dan paz y felicidad, te dejaré ser, pues es el reencuentro que tanto espero. Alma y espíritu juntos, ¿por cuanto tiempo? No importa, te necesito hoy.

II

En tu canto encontré hoy el dolor y la consecuente alegría de quien vive en paz, matando las ilusiones de quienes como yo aspiran llegar a la cumbre más alta para caer despiadadamente y morir una vez más. Puedo reír porque esta vez no venció la nostalgia de tristezas pasadas, sino la razón práctica y coherente de tu ronroneo en mis oídos, dolor apacible y breve, alegría llana y duradera.

No, le dije que no, a esos que pretenden quebrantar la fortaleza de mi vital fragancia, mi alma. No quise brindar en sus copas y la risa envuelve mi danza, son simples marionetas en un eterno juego, sin vida, sin alegrías, pobres almas al amparo de nadie.


III

Estuviste muy cerca y con una sola palabra me alejaste para siempre, es imposible renunciar a tu naturaleza. Agradezco mostrarte tal cual eres, el silencio danza en mis pupilas, no hay amor que ofrecer y trinan mis alondras en pos de una verdadera ilusión, quizá distante, pero esplendorosa y vibrante en su lenguaje. Ay, silencio te quedas en mi piel, por más que de ti quiera escapar con los acordes de alguna guitarra aún desconocida. Ir en busca de un ensueño de misterio sigue siendo la premisa de mis idolatrías, aunque pretendía encontrarlas en ti.

Magnánimo engaño, expiran tus bendiciones antes de que siquiera pudieran tocar a mi puerta y te felicito por ello. Viviste poco en la brisa marina de mis playas, fuiste mal marinero, y fue importante decirte adiós a tu tiempo. Un viaje por mi mundo natural y ansiado para recordar quién soy y dormirás para siempre en el recuerdo de algún breve sueño.

2 comentarios:

Ana Muela Sopeña dijo...

Verónica, eres una gran poeta. Tus textos de prosa poética son conmovedores y perfectos.

Te dejo un abrazo de cariño desde la poesía
Enhorabuena
Ana

P.D.:

Te invito a leer mi blog:

http://www.laberintodelluvia.com

Verónica Cuchillo Paulo dijo...

Ana:

Agradezco el afecto,

Te he visitado, eres buena anfitriona en el laberinto, cuya lluvia inspira el trabajo de mi campo.

Un abrazo,