Medianoche IEs tarde, el rubor de la noche en el espejo de mi pensar te clama. Rendido al sueño yacerán tus pensamientos, entre las sábanas y la almohada, o tu curiosidad motivará sonrisas en el salto de canales bajo tu control en la TV.
Puedo ver esos ojos en su brillo peculiar cerrarse suavemente al lento comienzo de tu murmullo nocturno y el cálido respirar que apaciblemente recorre su camino junto a mí.
Sentirte aquí entre acordes y sueños, vivifica la nostalgia que vuelve a narrar tus historias como cada noche, y los besos vuelan como dulces apetecibles en la hora eterna de nuestro encuentro.
Eres el rey de la más alta montaña que viene a hablarme de los susurros más exaltados, el sabio que guardó sus secretos y hoy me los revela inexorablemente en una magnánima complicidad, el irreverente intelectual que seduce a esta mente inocente entre papeles y bromas, y eres la estrella marina que me atrajo en un caminar hacía las profundidades del mar y convertirme en la ondina de tus anhelos.
Te haces importante, deleitarme en la alegría que hay en tus ojos y en tu sonrisa y en los deseos de tu piel por la mía ruboriza mi alma; nada puede crear lazos tan hermosos.
Y es tu llegada la apertura de mi mundo al movimiento alegre de la vida, a la danza olvidada, logrando alcanzarme en un solo abrazo para caminar juntos, yo nueva y transparente como el rocío de mis mañanas y tú fuerte, sagaz e inolvidable como el Dios del viento de nuestro amado Sur.
Olvidaré mi historia, solo el lenguaje del mar evocarla podrá algunas veces, pero tu voz me despierta hacía los andares de mayores misterios.
Medianoche IIAlguna vez te dije, silencio mío, que tu compañía no me era grata. Mas hoy, quiero rendirme a tu abrazo, hoy no tengo nada qué decir a tus argumentaciones. Las palabras se quemaron en mi boca y aquellos impulsos míos tan fervientes por la risa, duermen en el ataúd de tu canto.
No, él no pronunció palabra alguna, enmudeció cuando escuchó el murmullo melodioso de ese apretado cuartito, a veces oscuro y otras veces iluminado, que llamamos vulgarmente corazón.
No, no quiso ver la luz que emanaba de mis ojos, de mi boca, de mi piel, y entonces cuán inclemente se hizo el cielo, su lamento se hizo mayor al mío y decidió llover dentro de mí
Yo, que con mi risa siempre fui tu consuelo, permanezco ahora en tu sonido incoloro y angustiante. Erige tu estandarte sobre estos ojos hasta el día que tengas compasión de mí.
Medianoche IIISon las arpas, la de los nuevos cantos, las que renuevan las ilusiones, en ese dar continuo de la vida en un solo gesto de amor. Esta noche me abrazas y no existe tiempo ni explicación a la esperanza que emana de tus ojos, a la luz que inunda la inspiración. Soy yo y no lo soy, porque tu sabor, tu abrazo, tu beso, lo es todo. Nada iguala la lira de tu sonrisa y mis océanos claman por ti con el llanto más feliz.
Medianoche IVHoy descubrí aquél secreto, aquél que creías esconder a mis ojos, mas no fueron mis ojos, fueron mis sentimientos, fue el amor. Él te halló creando mundos de fuego de escasa duración, te encontró esbozando mi emoción sobre un cisma. Creí entonces que reiría pero sólo pude correr y cantar, buscar y acariciar las hojas de mis caminos. ¿Dónde me equivoqué? ¿Cuándo creí en ti?
Y me creí tuya tantas veces y sólo le pertenecía al ensueño de la aurora, al arcoiris que alguien dejó en una foto, una dulce fragancia que enriqueció las horas. Y creía que era más… ¿De qué me sirves ahora? No te arrastran ni el rencor ni el desconcierto, solo la pena, la pena de no haberte odiado alguna vez.
¿Y qué quieres ahora? Reconozco que la felicidad me acompañó más tiempo a tu lado, duró mucho pero fue pequeña, diminuta e insignificante que no alimenta más. Quizá quiera disfrutar nuevos momentos al lado de tu risa, del agitar de tus velas en mi mar, y al saberte ajeno no serás mi capitán de viajes, seguiré mirando hacía el Sur, al legendario caballero… gobernante del Sur, mi amado Sur.
Medianoche VY supe de ti, amigo de la vieja esperanza, y no escuché ya tu dolor, sólo tu temor. Por qué tienes miedo de verme o de saber de mí? Es tiempo de decir adiós y aún dueles y no fuiste siquiera el mejor… Risa sin felicidad y llanto sin dolor evocas a mis gorriones. Ya no eres el mismo, ya no soy la misma, y jamás eso fue amor. Pero, cuánta pasión, cuánto deseo por amarte. Hoy nadie me sabe despertar esa misma pasión.
Te olvidé en cada juego del destino, te olvidé hasta en la oración, y así soy feliz, sin ti. No supe amarte, mucho menos odiarte, siento que te alejas como el tiempo, te recuerdo ya tan poco que siento culpa de olvidarte tan pronto. Lo siento, mi amistad te acompaña aunque mi corazón te olvide. No te digo adiós, pues a pesar de mi olvido, se que es para siempre nuestro reencuentro.
Medianoche VIExplícame tú el misterio que encierra la llama que se hace fiesta en mi alma y que siento que muere cuando me miras. Tu voz consume esta fuerza, Tus besos preparan el lecho de mi tristeza, no. En vuelo abierto están mis ansias, mas tú me encierras en un frasquito barato. Crees que soy tuya y dejé de serlo hace mucho tiempo, pero quiero vivir, oír mi canto junto al de alguien más. ¿Por qué insistes si la imaginación nos abandonó?
Mi amor cual navío viaja por linderos desconocidos y si encuentra guía de ti se despedirá, las mentiras estremecieron mi palabra, mi ley para ti claudicó. Déjame ir, te lo suplico, antes de que sofoques por completo la emoción.

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